El TDAH no es una enfermedad.

Cuando a nuestro hijo/a se le diagnostica que padece TDAH, el primer pensamiento que a los padres se les viene a la mente es “mi niño está enfermo”, y es un pensamiento erróneo. Tener TDAH no es lo mismo que tener un resfriado o el sarampión, tener TDAH es padecer un trastorno o una alteración en este caso de tipo neuronal, y por lo tanto “no se quita”. Eso si, con la terapia adecuada se corrigen síntomas negativos como la hiperactividad, la falta de atención, la falta de coordinación… para que el niño aprenda a superar todos estos problemillas y sea una persona capaz y autosuficiente. Además es muy importante concienciarnos a nosotros mismos y al propio niño/a que lo padece (ellos saben que algo les ocurre), de que hay que esforzarse por conseguir logros y avances, y estar orgullosos de nuestros niños y de nosotros mismos cuando esos escalones se vayan subiendo de forma correcta. Con alegría, optimismo, esperanza y paciencia lo lograremos, aunque por el camino haya momentos poco agradables.

Es muy positivo usar premios cuando los logros se van consiguiendo, así que, cuando eso ocurra es un buen momento para ir toda la familia a nuestro restaurante favorito, sacar la bicicleta, comer helado o hacer una tarta… La vida es así más agradable para ellos y por lo tanto para todos.

Bienvenido a nuestro blog.

En este primer post me gustaría presentar el tema central de nuestro blog: El TDAH.

Como ya algunos sabréis, el TDAH (Transtorno por déficit de atención con o sin hiperactividad) es un trastorno que afecta a la capacidad de aprendizaje y la conducta de aquel que lo padece. Curiosamente, el transtorno lo padecen más los varones y suele darse acompañado de hiperactividad. Suele ser hereditario pues el componente genético tiene una gran carga.

Lo cierto es que los niños que lo padecen son inquietos, impetuosos, dicharacheros, incansables, imaginativos y artistas en potencia… son energía y adrenalina al 100%. Ser un niño/niña con TDAH es agotador y para la familia todo un reto el educar y controlarlos, pero no hay que desesperarse… lo importante es diagnositcar (a partir de los 6 años ya puede hacerse de forma fiable), tratar con un experto y comenzar el camino juntos.

Optimismo, energía, positivismo, tranquilidad y mucho amor y respeto son las claves para lograr el éxito.

Así que vamos a ello!