Mi TDAH y mis nervios!!!!

Si,nuestros nervios…Ser padres, hermanos, abuelos o educadores de un niño/a con TDAH es agotador porque la palabra cansancio para ellos no existe. Esto, unido a que son niños ( y es propio de ellos el estar activos) hace que sean auténticos torbellinos de energía continua y arrebatadora.

Nuestra salud mental al final se puede ver deteriorada y para que esto no ocurra podemos seguir unos consejos sencillos y prácticos para aprender a querernos un poco más:

  1. Hacer deporte al aire libre, al menos 30 minutos; o simplemente dar un paseo.
  2. Intentar buscar una actividad que nos guste y que podamos realizar en casa como pintar, hacer manualidades, hacer crucigramas….
  3. Intentar priorizar nuestras obligaciones ( si la casa se queda sin recoger algún día no pasa nada).
  4. Pedir ayuda sin sentirnos mal por ello. Adiós a la culpabilidad.
  5. Aprender técnicas de relajación o yoga para gestionar la ansiedad y el estrés.
  6. Ir a la peluquería, de compras, a tomar un café… aunque estemos cansadas/os.
  7. Contar lo que sentimos y lo que nos genera angustia a alguien de confianza (pareja, amigos, familiares…). Nadie es perfecto.
  8. Intentar descansar bien por las noches, o echarnos una siesta.
  9. No reprimir nuestros sentimientos: si queremos llorar ¿por qué no hacerlo?
  10. Buscar momentos para estar a solas con nuestra pareja o amigos.

Para que los niños con TDAH estén serenos y puedan mejorar necesitan que nosotros también lo estemos. Además para poder cuidar a alguien y ayudarle, nosotros debemos estar fuertes tanto física como psicológicamente. Así que ánimo, fuerza y a por todas!!!!!

La inteligencia no nos limita…

El tema de la inteligencia es algo que a todos nos afecta porque ,a todos, desde pequeños nos han puesto la etiqueta de “listo/a” en casa o en el colegio, y esto nos ha influido en el desarrollo de nuestra personalidad de una manera o de otra. Por eso hay que tener mucho cuidado con el uso de etiquetas a la hora de referirnos a los demás ( y mucho más si nos referimos a los niños).

¿Quién es para nostros una persona inteligente?, ¿cómo es esa persona, qué cualidades tiene?, parece a simple vista una pregunta sencilla pero si nos paramos a pensar más detenidamente nos damos cuenta de que la cuestión no es tan sencilla.

Ante estas preguntas se nos vienen a la memoria Einstein, Hopkins, economistas, físicos teóricos, cirujanos de renombre, prestigiosos pensadores… pero ¿solamente ellos son inteligentes?, ¿acaso no eran también inteligentes Miguel Ángel, Leonardo o Mozart?, y ¿qué pasa con Rafa Nadal, Michael Jordan…?, ¿ o con el presidente de Inditex Amancio Ortega?. Todas estas personas han triunfado en diferentes ámbitos pero no entran en nuestra clasificación de “inteligentes”, y parece ser algo muy injusto.

Esto es debido a que poseemos un concepto de inteligencia desfasado y obsoleto, basado en un número ( Coeficiente Intelectual) que nos clasificaba en personas “listas” o no tanto, en función de la medida de ciertos conocimientos, todos ellos de carácter académico. Según esto, entonces, todas las personas con estudios superiores deberían poseer una inteligencia de 120, pero todos sabemos que esa no es la realidad.

Conocemos casos de grandes matemáticos, o de brillantes estudiosos del universo,  o médicos que han triunfado en sus respectivos campos, que son incapaces de gestionar sus vidas, de tener relaciones sociales, comunicarse con los demás, de hacer la compra o de conducir. Entonces, ¿son tan inteligentes?, ¿es la inteligencia una cualidad tan elitista?

Desde comienzos del siglo XX psicólogos y pedagogos como Feuerstein o Vygostky, y más tarde Gardner, estudiando la inteligencia y el aprendizaje, llegaron a la conclusión de que la inteligencia única, medible con un test, basada en una cifra era errónea.

Aunque desde diferentes posiciones todos defendían la inteligencia como múltiple y diversa  (lógico- matemática, lingüística, espacial, musical, cinético- corporal, intrapersonal, interpersonal, espacial y naturalista), además de modificable y variable. Se ha superdo el concepto de inteligencia como algo innato, heredado y que no se puede cambiar porque forma parte de nosotros como el color de los ojos.

Y es aqui donde reside lo más importante: todos poseemos esta multiplicidad de inteligencias, unas más desarrolladas que otras, pero todas mejorables. Según esta premisa, todos, independientemente de si padecemos alguna discapacidad psíquica, trastorno, déficit, o cualquier anomalía podemos y debemos mejorar nuestras inteligencias tanto como nos sea posible. Y nuestros niños, ya padezcan TDAH, autismo, dislexia o sean Down… pueden mejorar y superarse para tener un vida mejor, ser autónomos y felices, conseguir éxitos y sentirse valorados sin ponerles límites o trabas.

Todo esto se asienta en la teoría de la plasticidad del cerebro, es decir, en que el cerebro se modifica a lo largo de nuestra vida y al igual que modelamos nuestro cuerpo en el gimnasio para tener la imagen que deseamos, podemos ejercitar nuestro cerebro para ser personas más capaces y felices.

Ya no nos sirve el refugiarnos en el problema que se padece, en una u otra dificultad… es el momento de luchar, trabajar, esforzarnos y lograr todo aquello que nos propongamos, con la ayuda adecuada y siempre con mucha motivación.

¿¿Le digo que tiene TDAH??

La respuesta a esa pregunta es que si, pero cuando el niño/a tenga la edad adecuada (que dependerá de su grado de maduración).

Es conveniente informar de forma adecuada al niño para que sea consciente de sus dificultades, para que él/ella sepa qué es lo que le ocurra y enseñarles  que sus dificultades se superan.

Es conveniente explicarles,de una forma sencilla, qué es el TDAH y qué consecuencias tiene el padecerlo, y cómo se pueden solucionar. Los niños necesitan saber que todo el esfuerzo que hacen, el trabajo complementario, las visitas a los especialistas… son por un motivo y tienen una finalidad. Además así evitamos que los niños crean todos los mitos que existen sobre el TDAH, las ideas preconcebidas y mitos, y se confundan o tengan miedo.

madre hija

Si contamos con ellos y les hablamos con sinceridad podrán conseguir más logros, establecer mejores lazos afectivos con su familia y amigos y , por lo tanto, ser más felices. ¡¡¡La felicidad es la clave para el éxito!!!!

La autoestima y el TDAH

Está claro que cuando una persona es diferente al resto su autoestima se ve afectada en mayor o menor medida en algún momento, y los niños/niñas que padecen TDAH no son una excepción. Aunque sean pequeños los niños que sufren TDAH saben que algo les ocurre, que no son como los otros niños, por eso es muy importante que en casa les enseñemos a valorarse y que les digamos qué cosas hacen bien, en qué son buenos, que les recordemos lo valientes que son y lo bien que todo va a salir. Debemos decirles cuando tengan una edad apropiada cual es su problema y lo que esto supone en sus vidas.

La mayoría de veces los TDAH son apartados por el resto de niños por diferentes cuestiones: porque son traviesos, no juegan durante mucho rato a una misma actividad, hablan demasiado, no son buenos en los deportes de equipo… Es decir el sentimiento de rechazo convive con ellos, y no solo el que proviene de sus iguales, también sufren el rechazo (no intencionado) de personas mayores.

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Es de suma importancia cuidar con mucho mimo la frágil autoestima de nuestros TDAH, y enseñarnos a diferenciar las actuaciones y las acciones, de la persona en sí (Alejandro se porta mal pero NO ES UN NIÑO MALO, tiene buen corazón).

Si un niño en casa y en el cole no se siente querido, valorado, escuchado, respaldado, respetado… ¿cómo va a mejorar y querer, escuchar y valorar a los demás? Es nuestro deber y responsabilidad como padres y profesionales enseñarlos y quererlos.