Las familias terapeutas…

Cada uno, por suerte o desgracia,tenemos la familia que nos ha tocado… es algo que como nuestro nombre no podemos elegir, pero si modificar. Está claro que como padres, abuelos o tíos tendemos a seguir comportamientos y modelos de actuación que conocemos porque son los que nuestros padres anteriormente usaron con nosotros.

Esas enseñanzas nos han determinado para siempre de una manera o de otra: si los resultados han sido positivos ¿por qué no seguirlos?, pero si somos conscientes de los fallos que ellos ya cometieron con nosotros… ¿por qué no eliminarlos?

El otro día, escuchando a un psicólogo experto en familias aprendí una cosa: es cierto que somos “víctimas” de nuestros padres pero al ir creciendo y madurando podemos ser críticos con el aprendizaje recibido y modificarlo según creamos necesario. No podemos excusarnos en lo que ya sucedió, hay que esforzarse por mejorar cada día y superarnos.

Para cualquier niño/a su familia es lo más importante, sobre todo sus padres, y es dentro de la familia donde el aprendizaje y el desarrollo de la personalidad ocurre…pero, ¿qué es lo que los niños necesitan de los adultos?, ¿cómo puedo ayudar a mi hijo/a cuando padece TDAH?

Vamos a dar unas pautas que son sencillas de realizar en casa pero altamente efectivas, eso si, requieren de paciencia, disciplina y sobre todo mucho sentido común y coherencia.

1- Hay que crear un régimen de vida estable, organizado en la que abunden las rutinas y la tranquilidad, porque aunque nosotros creamos que no, la rutina para nuestros niños es necesaria ya que el no saber que va a pasar después crea en ellos gran ansiedad y se sienten vulnerables y desprotegidos ( no hay que olvidar que la vida del niño está supeditada a los deseos y necesidades del adulto, y ellos no participan en esa toma de decisiones: no saben nuestro organigrama diario).

2- Crear vínculos con nuestros hijos/as basados en el cariño, respeto mutuo, seguridad y comprensión. A veces decimos o usamos palabras y entonaciones que ofenden y duelen más que un golpe, y que no pasan tan inadvertidas como nosotros creemos.

3- Intentar crear un ambiente estimulante para que el niño/a, sobre todo si tiene problemas de aprendizaje, sienta curiosidad por aprender y entienda el aprendizaje como un juego.

4.- Exigir responsabilidades y cumplimiento de objetivos de acuerdo con la edad y las posibilidades reales del niño/a, teniendo en cuenta que si padece TDAH u otro trastorno, su edad mental quizás sea inferior a la correspondiente con su edad física ( necesitaremos paciencia extra con ellos).

5- Considerar el momento y el estado físico y mental del niño/a y el nuestro propio cuando queramos enseñar algo nuevo, regañar o censurar alguna conducta que haya sido inapropiada. Si estamos “mal” es mejor dejarlo para más tarde.

6- Dar libertad a los niños/as para enseñarles a ser independientes y que aprendan a hacer solos las cosas. Por agobiarnos por todo y no dejarles hacer nada por miedo personal, no vamos a ser mejores padres: ellos necesitan saber que son capaces de hacer rutinas por ellos mismos.

7- Enseñar a valorarse y a que posean un autoconcepto ( una idea de si mismos) real. Esto será determinante para la creación de la personalidad futura. Señalar no solo los aspectos malos de cada niño.

8- Dejar los asuntos de mayores para la privacidad: los niños/as quizás no entiendan lo que decimos al discutir con nuestra pareja o con otro familiar pero si entienden el tono y la situación. El problema es que ellos siempre se sienten culpables del enfado de su padre o madre y sufren nuestro problema a la par que nosotros.

9- Respetar la privacidad del niño/a, su espacio personal y sus intimidades, porque el concepto de vergüenza y humillación también está presente en ellos. Alrededor de los dos años comienzan a sentir estos nuevos sentimientos.

10- Alabar sus logros y sus esfuerzos para conseguir  una buena motivación. Es muy importante no fijarnos tanto en el resultado como en el esfuerzo y empeño que nuestro niño/a haya puesto en el proceso (incluso en lo referente a las clasificaciones escolares).

11- Hablar con ellos, interesarnos por sus problemas aunque a nuestros ojos sean insignificantes (para ellos no lo son), tener sus ideas y pensamientos en cuenta, y sus deseos.

12- Intentar usar el castigo positivo, con la pérdida de privilegios. Nunca castigar eliminando una necesidad básica como comer… Elegir castigos acordes con su edad y la repercusión negativa de la mala conducta.

Todos estos consejos ayudan a que nuestros niños/as con TDAH o sin él aprendan a vivir en sociedad, desarrollen una personalidad buena, objetiva y que les ayude a superar sus problemas actuales y futuros. Además conseguiremos eliminar rabietas, discusiones y reproches que lo único que hacen es dañar nuestras relaciones interpersonales y familiares, y nos hacen ser más infelices.

Queremos hijos felices y no perfectos, personas independientes y no extensiones de nosotros mismos, seres y ciudadanos mejores, incluso que nosotros.

 

 

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