Caso L.Rafael: poder se puede…

La mayoría de padres se preocupan mucho por el futuro académico y personal de sus niños TDAH, pero esta preocupación se atenúa cuando conocen casos de niños que aunque padecen TDAH han triunfado. Yo hoy les cuento el caso de mi alumno L. Rafael.

Cuando yo le conocí tenía 16 años ( que edad tan mala), y estaba comenzando 1º de Bachiller. Sus notas eran bajas  aunque él me decía que estudiaba mucho en casa, y la relación con sus compañeros era mala. Era un chico tímido, con problemas de socialización y todo el mundo decía de él que era “raro”, le costaba expresarse y no había orden y coherencia en su discurso. Al poco tiempo sospeché que tenía TDAH del subtipo inatento.

Cuando hablé con sus padres me lo confirmaron (debieron decírmelo antes) y me contaron lo mal que Rafael lo pasó en el colegio, sobre todo porque no conseguía encajar en clase y la relación con sus iguales no era adecuada. Las notas no las llevaba mal aunque le costaba expresarse y la letra era mala, y en los exámenes con frecuencia no contestaba lo que se le pedía y/ no los terminaba.

Sus padres hablaban con los maestros y el equipo de orientación pero las soluciones para Rafael no llegaban…. Con esfuerzo y dedicación terminó 4º de ESO.

Al comenzar 1º de Bachiller la situación para él empeoró, nuevo lugar, nuevos profesores, nuevos compañeros, nuevas asignaturas… y todo se le hizo muy cuesta arriba. Además comenzaba la edad crítica de rebeldía con respecto a sus padres, a los que culpaba por todo lo que le estaba ocurriendo. La comunicación entre los miembros de la familia era muy mala y estaba basada en regañinas, reprimendas y exigencias, que poco le favorecían.

Lo primero que hicimos fue cambiar el método de estudio, y optamos por resúmenes y esquemas que al principio se negaba a hacer ,pero que al ver su utilidad los realizaba con un poco más de agrado. Fue muy importante enseñarle a planificar su tiempo con horarios realistas que más o menos cumplía, y sobre todo y ante todo fue decisivo conseguir motivarlo, hacerle ver que él podía mejorar y que había personas que lo entendían y lo ayudaban. En casa la situación también mejoró un poco y gracias a la paciencia de sus padres pudimos entre todos ayudarle.

Fue un trabajo duro, cansado, con muchos altibajos y con la tozudez característica de Rafa: el día que estaba frustrado casi no podíamos trabajar, era mejor esperar que al día siguiente estuviese más calmado.

También consiguió relacionarse mejor con compañeros de su edad, no sin meteduras de pata, y muchos consejos por mi parte, pues la empatía y la amabilidad le costaban, incluso hacia mi misma ( pero yo no  le hacía caso, sabía que era su cerebro límbico el que hablaba y no él).

Tardes de nervios, angustias, confidencias, lágrimas y risas, todo eso y más pasamos… cartas a los profesores ( que también lo ayudaron en su gran mayoría), unas cuantas Valerianas para los nervios…y terminó 2º de Bachillerato, y aprobó selectividad incluso!!!!

“¿Hago una carrera, Marta?”, “haz lo que tú quieras, lo que estés convencido de que será lo mejor para ti”, le dije a Rafael, “poder se puede”.

Esta Navidad ha venido a visitarme, se ha ido a vivir a otra provincia con dos chicos más para estudiar un módulo de grado superior: se maneja muy bien en su nueva vida solo como un adulto joven, tirando de metro y todo, haciendo la colada y alguna cosilla en la cocina, ¿quién me lo iba a decir?.

Esta es la prueba de que tener una dificultad  no implica el que no se pueda conseguir el objetivo deseado.

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