¿Qué clase de padres sois?

Educar es una tarea que no parece tan complicada hasta que nos toca la desbordante tarea de intentar enseñar algo a alguien ( independientemente de la edad), y si hablamos de educar, apaga y vamonos. Claro está que educar desde el miedo y la amenaza es mucho más sencillo para el que emprende la tarea, que educar de una manera asertiva, pero eso es lo que nos va a diferenciar ( seamos padres, docentes o ambos) de ser buenos padres/maestros y de que nuestros niños nos quieran y nos estimen de una manera sana.

Educar y enseñar a un niño con TDAH es una tarea dificil (no nos vamos a engañar), es una lucha continua en la que la mayoria de veces el sistema ( por desgracia) no colabora porque el ser diferente en esta sociedad no se acepta, y la implicación de todas las partes que rodean al niño no se unen para aunar fuerzas y luchar por un objetivo común.

Existen varios estilos de padres y educadores, ( autoritarios, sobreprotectores, evitativos, formadores y en los casos más extemos los “ausentes”): depende del estilo que sigamos a la hora de educar tendremos niños miedosos, dependientes, con mala autoestima, agresivos, complacientes… o bien niños valientes, autónomos, luchadores y creativos, que a su vez tienen excelentes notas, seguros de si mismos, sosegados y responsables. Estos últimos son lo que yo quiero (sin duda alguna) pero para tener hijos o alumnos ( o en mi caso los dos)”modelo” nosotros mismos tenemos que ser eso, modelos para ellos.

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“Mi niño es que es muy malo ,y además es listo pero muy vago”, esta es la frase que más escucho y con la que más me indigno: lo primero es que tu niño tiene TDAH y es hiperactivo ( no malo) y lo segundo es que si en casa no establecemos hábitos de estudio el niño no va a trabajar porque tú le digas que tiene que hacer los deberes, cuando nunca ha hecho nada en casa ni te ha visto  ni siquiera coger una revista para ojearla, y menos si además el maestro en el cole le dice que todo lo hace mal y es muy lento trabajando.

“Tenemos los niños que nos merecemos” en casa y en clase si somos educadores: debemos ser padres y maestros asertivos, implicados en la educación de los pequeños (sobretodo si tienen TDAH), ejemplos de buenas conductas y transmisores de valores y hábitos, adultos responsables que valoremos al niño según sus capacidades y sepamos reconocer su potencial, que en vez de castigar o gritar enseños a reflexionar y a aceptar la vida como un reto sin miedo, compañeros de alegrías y penas, y personas a las que pedir ayuda en cualquier momento y circunstancia. Además es muy importante hacer ver al niños que todos somos especiales y diferentes,y son esas diferencias las que nos hacen ser únicos: tener TDAH no es un problema especial hasta que nosotros mismos lo convertimos en una tara.

Si todos hiciéramos esto (o por lo menos lo intentásemos) la cosa nos iría mucho mejor: un padre o un maestro que usa el castigo continuado, la descalificación como método, el aburrimiento como rutina y el insulto como vocabulario básico tendrá un problema en casa o en clase: sus niños no le querrán, no le respetarán y además no aprenderán nada.

Los niños necesitan ayuda pero no por esto son seres inferiores, ni ignorantes ni desvalidos… son personas ” en construcción”, todos con sus habilidades y carencias, pero todos igual de válidos: si un niño fracasa no será por ser él el poco válido, sino por ser víctima de maestros y padres poco capaces.

Para poder educar bien a un niños con TDAH ( o con cualquier otro trastorno) es necesario ESTUDIAR dicho trastorno para así comprender bien a esa persona y saber cómo se le debe tratar y enseñar…. seamos maestros, profesores o padres porque se supone que lo más nos importa es ayudar a crecer a estos niños y que sean adultos sanos.

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Caso L.Rafael: poder se puede…

La mayoría de padres se preocupan mucho por el futuro académico y personal de sus niños TDAH, pero esta preocupación se atenúa cuando conocen casos de niños que aunque padecen TDAH han triunfado. Yo hoy les cuento el caso de mi alumno L. Rafael.

Cuando yo le conocí tenía 16 años ( que edad tan mala), y estaba comenzando 1º de Bachiller. Sus notas eran bajas  aunque él me decía que estudiaba mucho en casa, y la relación con sus compañeros era mala. Era un chico tímido, con problemas de socialización y todo el mundo decía de él que era “raro”, le costaba expresarse y no había orden y coherencia en su discurso. Al poco tiempo sospeché que tenía TDAH del subtipo inatento.

Cuando hablé con sus padres me lo confirmaron (debieron decírmelo antes) y me contaron lo mal que Rafael lo pasó en el colegio, sobre todo porque no conseguía encajar en clase y la relación con sus iguales no era adecuada. Las notas no las llevaba mal aunque le costaba expresarse y la letra era mala, y en los exámenes con frecuencia no contestaba lo que se le pedía y/ no los terminaba.

Sus padres hablaban con los maestros y el equipo de orientación pero las soluciones para Rafael no llegaban…. Con esfuerzo y dedicación terminó 4º de ESO.

Al comenzar 1º de Bachiller la situación para él empeoró, nuevo lugar, nuevos profesores, nuevos compañeros, nuevas asignaturas… y todo se le hizo muy cuesta arriba. Además comenzaba la edad crítica de rebeldía con respecto a sus padres, a los que culpaba por todo lo que le estaba ocurriendo. La comunicación entre los miembros de la familia era muy mala y estaba basada en regañinas, reprimendas y exigencias, que poco le favorecían.

Lo primero que hicimos fue cambiar el método de estudio, y optamos por resúmenes y esquemas que al principio se negaba a hacer ,pero que al ver su utilidad los realizaba con un poco más de agrado. Fue muy importante enseñarle a planificar su tiempo con horarios realistas que más o menos cumplía, y sobre todo y ante todo fue decisivo conseguir motivarlo, hacerle ver que él podía mejorar y que había personas que lo entendían y lo ayudaban. En casa la situación también mejoró un poco y gracias a la paciencia de sus padres pudimos entre todos ayudarle.

Fue un trabajo duro, cansado, con muchos altibajos y con la tozudez característica de Rafa: el día que estaba frustrado casi no podíamos trabajar, era mejor esperar que al día siguiente estuviese más calmado.

También consiguió relacionarse mejor con compañeros de su edad, no sin meteduras de pata, y muchos consejos por mi parte, pues la empatía y la amabilidad le costaban, incluso hacia mi misma ( pero yo no  le hacía caso, sabía que era su cerebro límbico el que hablaba y no él).

Tardes de nervios, angustias, confidencias, lágrimas y risas, todo eso y más pasamos… cartas a los profesores ( que también lo ayudaron en su gran mayoría), unas cuantas Valerianas para los nervios…y terminó 2º de Bachillerato, y aprobó selectividad incluso!!!!

“¿Hago una carrera, Marta?”, “haz lo que tú quieras, lo que estés convencido de que será lo mejor para ti”, le dije a Rafael, “poder se puede”.

Esta Navidad ha venido a visitarme, se ha ido a vivir a otra provincia con dos chicos más para estudiar un módulo de grado superior: se maneja muy bien en su nueva vida solo como un adulto joven, tirando de metro y todo, haciendo la colada y alguna cosilla en la cocina, ¿quién me lo iba a decir?.

Esta es la prueba de que tener una dificultad  no implica el que no se pueda conseguir el objetivo deseado.

TDAH: Ocultarlo no es una opción…

¿Quién eres?, ¿cómo eres?, ¿por qué eres así?… estas preguntas parecen sencillas pero no lo son, y la mayoría de personas no lo tienen nada claro.

Para ser feliz y tener una personalidad estable y bien formada, necesitamos poseer una buena autoestima y un autoconcepto ajustado a la realidad. Todos necesitamos saber cuáles son nuestras cualidades positivas y cuales nuestros defectos, nuestros puntos fuertes y los débiles para mejorar, y sobre todo para querernos y respetarnos a nosotros mismos y a los demás.

Nosotros, como dultos que somos, debemos enseñar a nuestros hijos o a nuestros alumnos/as a que sepan quiénes son y lo que les hace ser cómo son. Por eso, es un grave error ocultar a los demás que nuestro hijo tiene TDAH, sobre todo a profesionales o a personas que tendrán que educar o ayudar de alguna forma al niño/a.

Los profesionales necesitamos saber cuando un niño/a padece una alergia alimentaria, una enfermedad grave, o cualquier trastorno o alteración como puede ser el TDAH, porque para poder cuidar, enseñar y educar a un niño/a tenemos que conocerlo todo de él / ella, y  es más fácil si el adulto nos proporciona datos claves ( conocer a alguien en profundidad es una tarea complicada).

madres hablando

Se trata de luchar por la inclusión de los TDAH, para que ese niño/a no sea apartado del grupo, y para conseguirlo no es una buena opción ocultarlo a nadie. Si queremos que el TDAH no sea un problema para los niños/as no podemos convertirlo en algo tabú o negativo, excluyente o segregador… Lo mejor es tratarlo como lo que es, un trastorno que hace ser a los niños/as de una manera determinada ( con cualidades buenas y malas, como todos las tenemos) que necesitan solamente  un poco más de atención, ayuda y comprensión.

Cada padre y madre actúa siempre en defensa de su hijo/a y desea siempre lo mejor para ellos pero sinceramente la opción de ocultar el padecer un tratorno como el TDAH o alguna enfermedad no es positiva para el niño/a: lo mejor, aunque siempre haya alguien que nos haga  comentarios negativos, es hablar del tema con normalidad pues así los demás y el propio afectado lo verán como algo normal.

El no decir que padece TDAH no va a hacer que el problema se esfume, al contrario, el problema crece al mismo ritmo que lo hace el niño/a, y sigue convivendo día a día con nosotros, así que es mejor aceptarlo y asimilarlo, llevarlo con nosotros y explicar sin tapujos o miedos qué es lo que pasa a nuestro niño/a.

Si no queremos que los demás vean  al niño con TDAH como alguien diferente no debemos convertirlos nosotros mismos en personas marcadas, sino contribuimos a aumentar las ideas falsas sobre el TDAH y sobre todos aquellos que lo padecen.

Queremos niños y niñas fuertes, luchadores y con iniciativa, independientes y valientes, seguros de si mismos y capaces de todo… aunque tengan TDAH.