Impulsivo si, maleducado no.

Hace un par de días recibí una nota para asistir a una tutoria conjunta en el colegio de mi hija, porque la maestra quería comentarnos la evolución de la clase. Yo ya sabía por referencias de mi niña que la cosa no iba muy bien porque los niños en general que acuden a esa clase son “muy malotes” (según palabras de mi peque).

Lo que me sorprendió fue la actitud y los comentarios que tanto los padres ( bueno de las madres porque papás solo había tres) como  la maestra, hacían en relación al problema del comportamiento de los niñ@s; una madre afirmaba ” que no sabía cómo castigar a su hijo cuando se portaba mal”, otros que “cuando el niño se enfadaba por algo se lo daban para que se callara”, o que si quería ver la tele toda la tarde lo dejaban porque “no era algo tan malo”.

La maestra se quejaba de que ciertos comportamientos deben “venir aprendidos de casa”, y nos comentaba que “ella no es la madre o el padre de ninguno de sus alumnos”, cosa que no ayuda porque si en la clase hay malos comportamientos es la maestra,en colaboración con los padres, la que lo tiene que solucionar, sino la clase será un caos.

La verdad es que no entiendo ni a unos ni a otros…¿qué nos está pasando a los adultos?, ¿Qué modelos de referencia estamos siguiendo?. Cuando uno se encuentra de pronto con la situación de ser padre y no es experto en educación echa mano de los recursos y los conocimientos disponibles, y sobre todo del SENTIDO COMÚN.

Los niñ@s no nacen con una personalidad establecida, poco a poco se va a ir formando en base a la carga genética de cada uno, del entorno en el que vivamos, de como actuamos con ellos, de que tan buen modelo a seguir seamos para ellos. Su manera de ser y de actuar estará condicionada por nostros mismos ( somos modelos, héroes y heroinas) y por el tipo de educación que les ofrezcamos, y si un niñ@ con 4 años no sigue las normas, tiene frecuentes pataletas, no tiene respeto por la autoridad y hace lo que se le antoja es porque sus padres no lo están haciendo bien. Ya se que son palabras duras pero es la cruda realidad. Hay que ser consciente de este hecho para poder  mejorar y cambiarlo: !!si con 4 años nos cuesta controlarle, imagínense con 15!!.

Está claro que los niñ@s con TDAH, si padecen el subtipo combinado o el hiperactivo, tienen el problema de la hiperactividad, pero no el de la mala educación. Será normal en ellos la anticipación o la impetuosidad a la hora de hablar o de relacionarse con los demás, o que hablen en exceso cuando deben estar callados, o que interrumpan constantemente para llamar nuestra atención… o sean más traviesos. Lo que no es aceptable en ningún niñ@, tenga TDAH o no, es que usen el insulto como medio normal de expresión, intenten hacer daño intencionadamente al resto de personas, les divierta reirse de los demás o monten un espectáculo en público o en privado cada vez que le digamos “no”.

Educar hoy en día es muy dificil, es cansado y muchas veces frustrante, pero es nuestra labor y obligación como padres, desde pequeños, ofrecer una educación basada en valores, en premiar el esfuerzo, basada en el respeto mútuo, la comprensión y en el cariño, en el apego… y si no sabemos lo que tenemos que hacer debemos pedir ayuda. Tenemos que ofrecer una edución de la que de mayores no se tengan que lamentar nuestros niños, ni necesiten ayuda psicológica en su adultez.

Un TDAH  necesita más ayuda extra por nuestra parte porque suelen ser más difíciles de controlar, pero en general con la ayuda necesaria y la medicación oportuna (si se necesita), se puede lograrr. Educarlos en inteligencia emocional será muy positivos para ellos y para nosotros, y mejorará y reforzará la relación padres- hijos.

Educar siempre es necesario porque ningún niñ@ nace sabiendo cómo debe comportarse, lo que está bien o mal. Nuestros niños no “nos salen buenos o malos” los modelamos nosotros según nuestro propio criterio.

La inteligencia no nos limita…

El tema de la inteligencia es algo que a todos nos afecta porque ,a todos, desde pequeños nos han puesto la etiqueta de “listo/a” en casa o en el colegio, y esto nos ha influido en el desarrollo de nuestra personalidad de una manera o de otra. Por eso hay que tener mucho cuidado con el uso de etiquetas a la hora de referirnos a los demás ( y mucho más si nos referimos a los niños).

¿Quién es para nostros una persona inteligente?, ¿cómo es esa persona, qué cualidades tiene?, parece a simple vista una pregunta sencilla pero si nos paramos a pensar más detenidamente nos damos cuenta de que la cuestión no es tan sencilla.

Ante estas preguntas se nos vienen a la memoria Einstein, Hopkins, economistas, físicos teóricos, cirujanos de renombre, prestigiosos pensadores… pero ¿solamente ellos son inteligentes?, ¿acaso no eran también inteligentes Miguel Ángel, Leonardo o Mozart?, y ¿qué pasa con Rafa Nadal, Michael Jordan…?, ¿ o con el presidente de Inditex Amancio Ortega?. Todas estas personas han triunfado en diferentes ámbitos pero no entran en nuestra clasificación de “inteligentes”, y parece ser algo muy injusto.

Esto es debido a que poseemos un concepto de inteligencia desfasado y obsoleto, basado en un número ( Coeficiente Intelectual) que nos clasificaba en personas “listas” o no tanto, en función de la medida de ciertos conocimientos, todos ellos de carácter académico. Según esto, entonces, todas las personas con estudios superiores deberían poseer una inteligencia de 120, pero todos sabemos que esa no es la realidad.

Conocemos casos de grandes matemáticos, o de brillantes estudiosos del universo,  o médicos que han triunfado en sus respectivos campos, que son incapaces de gestionar sus vidas, de tener relaciones sociales, comunicarse con los demás, de hacer la compra o de conducir. Entonces, ¿son tan inteligentes?, ¿es la inteligencia una cualidad tan elitista?

Desde comienzos del siglo XX psicólogos y pedagogos como Feuerstein o Vygostky, y más tarde Gardner, estudiando la inteligencia y el aprendizaje, llegaron a la conclusión de que la inteligencia única, medible con un test, basada en una cifra era errónea.

Aunque desde diferentes posiciones todos defendían la inteligencia como múltiple y diversa  (lógico- matemática, lingüística, espacial, musical, cinético- corporal, intrapersonal, interpersonal, espacial y naturalista), además de modificable y variable. Se ha superdo el concepto de inteligencia como algo innato, heredado y que no se puede cambiar porque forma parte de nosotros como el color de los ojos.

Y es aqui donde reside lo más importante: todos poseemos esta multiplicidad de inteligencias, unas más desarrolladas que otras, pero todas mejorables. Según esta premisa, todos, independientemente de si padecemos alguna discapacidad psíquica, trastorno, déficit, o cualquier anomalía podemos y debemos mejorar nuestras inteligencias tanto como nos sea posible. Y nuestros niños, ya padezcan TDAH, autismo, dislexia o sean Down… pueden mejorar y superarse para tener un vida mejor, ser autónomos y felices, conseguir éxitos y sentirse valorados sin ponerles límites o trabas.

Todo esto se asienta en la teoría de la plasticidad del cerebro, es decir, en que el cerebro se modifica a lo largo de nuestra vida y al igual que modelamos nuestro cuerpo en el gimnasio para tener la imagen que deseamos, podemos ejercitar nuestro cerebro para ser personas más capaces y felices.

Ya no nos sirve el refugiarnos en el problema que se padece, en una u otra dificultad… es el momento de luchar, trabajar, esforzarnos y lograr todo aquello que nos propongamos, con la ayuda adecuada y siempre con mucha motivación.